Pongamos por caso que yo me parezco a todo el mundo, como de hecho sucede. Yo nunca soy yo más que de forma derivada, soy yo por que soy algún otro. Es ésta una cuestión que viene ya siendo molesta, y cada vez más embarazosa. Al principio me imponía por la fuerza de mi convicción, cuando siempre demostraba, casi ofendido y de forma recriminatoria, que yo soy nada más ni nada menos que yo, y que ninguna cosa mejor podría ser. Pero últimamente me fallan las fuerzas para desilusionar a nadie, y ya no me parece, además, tan interesante ni necesario el ser yo mismo. Por esto es que la próxima vez que alguien insinúe que le resulto familiar, que soy igual que, o si en realidad no soy tal, admitiré gozoso que están en lo cierto, y sin ningún rubor pasaré a ser yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos, de manera más convincente de la que nadie, incluso los verdaderos dueños de las respectivas personas del verbo, pudieran jamás llegar a serlo.
martes, 2 de enero de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario